Parece que hubiera pasado un año desde el año anterior cuando tan solo han pasado unos días, ni siquiera un mes, desde que reunidos en familia tomábamos las uvas y hacíamos buenos propósitos. Propósitos para un nuevo año sin lugar a dudas ilusionante e interesante, fundamentalmente desde el punto de vista político en donde en marzo, nos encontraremos con unas elecciones generales que serán reválida para unos y otros. Reválida sin lugar a dudas para el gobierno de Zapatero pero también, y más después del episodio Gallardón, para una cúpula del PP que no pagó los platos rotos a su debido tiempo y que tendrán que hacerlo ahora cuando la ciudadanía les vuelva a retirar la confianza. Y sinceramente pienso que así lo harán. Los ciudadanos y ciudadanas retirarán la confianza a aquellos que les mintieron de forma descarada ante el mayor atentado de la historia en Madrid, a aquellos que una vez en la oposición han generado ruido y crispación como nunca antes había existido, a aquellos que predijeron la ruptura de España, la venta de Navarra a los terroristas, la destrucción de la Constitución y del Estado de Derecho, la ruptura de la familia, el complot en el propio atentado del 11M y la participación de ETA, etc.
Estoy convencido que los ciudadanos sabrán responder oportunamente a aquellos que para ganar tienen siempre que recurrir al miedo, a aquellos que siembran las dudas, que se inventan los problemas para ofrecerse después cómo únicos e indispensables instrumentos para resolverlos. Pero, ¿cómo resolver unos problemas que no existen sino en la estrategia mal diseñada de una derecha antigua que margina a quienes dentro de su seno representan a la derecha moderada?. Muy fácil, esos problemas no se pueden resolver salvo cambiando radicalmente a la derecha para que se convierta en una derecha moderna y centrada que no se los invente. Esos problemas no se pueden resolver porque, sencillamente, no existen. Pero para ello, es fundamental que los ciudadanos decidan.
Porque al final, siempre los ciudadanos deciden y mientras unos aceptaremos que efectivamente eso sea así, otros, si pierden, volverán a inventarse conspiraciones oscuras para justificar que su producto no vende. Diferencia pequeña pero sustancial.